2025-08-29
Warren Edward Buffett representa el ideal de la riqueza construida con inteligencia y paciencia. Es el carismático multimillonario de Omaha, Nebraska, fundador de uno de los conglomerados más exitosos del planeta, cuya fortuna ha rivalizado en varios momentos con la de los gigantes tecnológicos, sin necesidad de escribir una sola línea de código.
No obstante, más allá de los titulares y las listas de multimillonarios, se encuentra un hombre que aún vive en la casa que compró en 1958 por 31.500 dólares, comienza sus días con un desayuno de McDonald's según su estado de ánimo y prefiere leer informes anuales antes que asistir a eventos lujosos de Wall Street.
Buffett no es solo un inversor. Es una prueba viviente del poder del pensamiento a largo plazo, la claridad de propósito y la disciplina constante.
La fascinación de Buffett por el dinero y los negocios comenzó antes de alcanzar los dos dígitos. Nacido en 1930, hijo de un corredor de bolsa convertido en congresista, Warren creció durante la Gran Depresión. De niño, devoraba libros como "Mil maneras de ganar $1,000" y comenzó a aplicar las lecciones casi de inmediato. Vendía chicles, botellas de Coca-Cola y revistas puerta a puerta. A los 11 años, ya compraba acciones, concretamente, tres acciones de Cities Service Preferred a $38 cada una.
Buffett aún recuerda cómo las acciones cayeron a 27 dólares antes de subir a 40. En ese momento, las vendió, solo para verlas dispararse aún más. Esta primera experiencia le enseñó dos cosas: el dolor de vender demasiado pronto y la importancia de la paciencia.
Tras terminar la secundaria, Buffett fue rechazado por la Escuela de Negocios de Harvard. Sin desanimarse, se matriculó en la Escuela de Negocios de Columbia, donde estudió con Benjamin Graham, autor de "El inversor inteligente" y padre de la inversión en valor. La filosofía de Graham —comprar acciones que cotizan por debajo de su valor intrínseco— se convirtió en la guía de Buffett.
Buffett regresó a Omaha y fundó Buffett Partnership Ltd. en la década de 1950, reuniendo fondos de amigos y familiares. Aumentó esos fondos agresivamente identificando empresas infravaloradas, aplicando los principios de Graham con su propio estilo. Para 1965, Buffett utilizó las ganancias para tomar el control de una empresa textil en crisis llamada Berkshire Hathaway. Esta se convertiría en el vehículo a través del cual haría historia en la inversión.
El estilo de Buffett es engañosamente simple: Comprar empresas con fundamentos sólidos, una gestión honesta y ganancias predecibles, y luego conservarlas. Lo que lo distingue es la disciplina para no desviarse de este enfoque.
Su filosofía de inversión podría resumirse en un puñado de reglas:
Nunca invierta en algo que no entiende.
No siga a la multitud.
Deje siempre un margen de seguridad.
Piense en el largo plazo, incluso en el muy largo plazo.
A diferencia de muchos en el mundo de las altas finanzas, Buffett no está interesado en la especulación a corto plazo, los derivados complejos ni las operaciones frecuentes. Cree que a la mayoría de los inversores les iría mucho mejor comprando unas pocas grandes empresas y manteniéndolas durante décadas.
Para Buffett, la bolsa no es un casino; es un mecanismo para transferir dinero de los impacientes a los pacientes. Su famosa frase: "Nuestro periodo de inversión favorito es para siempre", no es una broma. Es una filosofía.
También es famoso por evitar las inversiones tecnológicas que no comprende. Durante décadas, se mantuvo alejado de las acciones tecnológicas, y solo realizó una importante inversión en Apple en la década de 2010; para entonces, se había convertido más en una marca de consumo que en un enigma tecnológico. Esa única inversión se convirtió en una de las posiciones más rentables de Berkshire.
Buffett no solo seleccionó acciones ganadoras, sino que construyó imperios. Su estrategia evolucionó gradualmente, pasando de seleccionar acciones infravaloradas a comprar empresas enteras. GEICO, la compañía de seguros que admiraba de adolescente, se convirtió finalmente en una filial de Berkshire al 100 %. Compró See's Candies, BNSF Railway, Dairy Queen y docenas de otras.
Berkshire Hathaway ya no es solo una entidad accionaria. Es un conglomerado que posee negocios en los sectores ferroviario, energético, de seguros, minorista y manufacturero. Su estructura es única: descentralizada, con poca burocracia y fiel a la filosofía de Buffett.
También ha creado una cartera de inversiones con participaciones en algunas de las marcas más importantes del mundo: Coca-Cola, American Express, Kraft Heinz y muchas más. Sus apuestas a largo plazo a menudo desafiaron la confianza del mercado, pero con el tiempo resultaron brillantes.
Incluso su decisión de mantener niveles récord de efectivo —que ahora suelen superar los 150.000 millones de dólares— refleja la disciplina de Buffett. Si no encuentra una buena oferta, prefiere esperar antes que conformarse. Este colchón de efectivo también le proporciona flexibilidad para actuar con rapidez cuando otros tienen miedo.
En 1988, Buffett comenzó a comprar acciones de Coca-Cola durante un período en el que la compañía estaba infravalorada tras el desplome del mercado de 1987. Finalmente, adquirió más del 6% de la compañía por 1.300 millones de dólares, una participación que daría unos resultados espectaculares.
¿Por qué Coca-Cola? Buffett creía en el poder de su marca, su sencillo modelo de negocio y su alcance global. Comprendía que la gente bebería Coca-Cola durante décadas. Una vez dijo: "Si me dieran 100 mil millones de dólares y me dijeran que le quitaran el liderazgo a Coca-Cola en el sector de las bebidas gaseosas, se los devolvería y les diría que es imposible".
La inversión no se trataba solo de dinero; era un ejemplo clásico de cómo Buffett combina el sentido común con la previsión. Décadas después, Coca-Cola sigue siendo un elemento básico en la cartera de Berkshire y un símbolo de la filosofía de Buffett en acción.
La sabiduría de Buffett es tan memorable como práctica. No habla como un economista de Wall Street, sino como un tío listo que entendió la vida. Sus frases se han convertido en mantras para inversores de todo el mundo:
Regla n.° 1: Nunca pierdas dinero. Regla n.° 2: Nunca olvides la regla n.° 1.
El precio es lo que pagas. El valor es lo que obtienes.
"Ten miedo cuando otros sean codiciosos, y sé codicioso cuando otros tengan miedo".
"Sólo se descubre quién nada desnudo cuando baja la marea".
"Es mucho mejor comprar una empresa maravillosa a un precio justo que una empresa justa a un precio maravilloso".
Sus palabras perduran porque brotan de décadas de firmeza silenciosa. A diferencia de las modas que vienen y van, los principios de Buffett no solo resistieron el paso del tiempo, sino que lo atravesaron intactos, como verdades que no necesitan adaptarse para seguir vigentes.
En 2025, Warren Buffett tiene 94 años. Aún dedica la mayor parte de su día a leer: informes anuales, periódicos y documentos corporativos. Rara vez reacciona a los titulares y casi nunca se deja llevar por el entusiasmo mediático.
Lo que ha construido no es solo una cartera de inversiones o una empresa, sino una filosofía. Buffett ha demostrado al mundo que no se necesita velocidad, secretos ni sofisticación para generar riqueza. Se necesita claridad, valentía y la capacidad de esperar.
En un mundo financiero obsesionado con los algoritmos, el impulso y la velocidad, Buffett sigue siendo un ícono silencioso de mesura y razón. Su legado nos recuerda que la mayor ventaja en la inversión no es acertar el momento del mercado, sino permanecer en él con el tiempo.
Aviso legal: Este material tiene fines meramente informativos y no pretende ser (ni debe considerarse) asesoramiento financiero, de inversión ni de ningún otro tipo en el que se deba confiar. Ninguna opinión expresada en este material constituye una recomendación por parte de EBC o del autor sobre la idoneidad de una inversión, valor, transacción o estrategia de inversión en particular para una persona específica.