Publicado el: 2026-07-30
Actualizado el: 2026-07-30
La Reserva Federal decidió mantener sin cambios su tasa de interés de referencia en el rango de 3,50% a 3,75%, completando así cinco reuniones consecutivas sin modificaciones en el costo del dinero. La decisión era ampliamente esperada por el mercado, aunque el resultado dejó un elemento que captó rápidamente la atención de los inversionistas: el creciente desacuerdo al interior del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC).
La votación concluyó 9 votos a favor de mantener las tasas y 3 a favor de un incremento de 25 puntos base, con las presidentas de las Reservas Federales de Cleveland, Minneapolis y Dallas respaldando un nuevo ajuste monetario. Se trata del mayor número de votos disidentes en una decisión que mantiene las tasas sin cambios desde septiembre de 2016, reflejando que el debate sobre la inflación continúa intensificándose dentro del banco central estadounidense.
Pese a la ausencia de cambios en la política monetaria, el mensaje de la Fed dejó claro que el ciclo de endurecimiento aún no puede darse por concluido.

En su comunicado, el organismo reiteró que la inflación permanece por encima del objetivo del 2%, señalando que parte de esas presiones responde a choques de oferta, especialmente al encarecimiento de la energía provocado por el conflicto en Oriente Medio.
Aunque la inflación de junio se moderó hasta 3,5%, por debajo del 3,7% esperado por el mercado, los responsables de política monetaria consideran que el escenario sigue siendo incierto. La escalada de las tensiones entre Estados Unidos e Irán ha vuelto a presionar los precios del petróleo, aumentando el riesgo de que mayores costes energéticos terminen trasladándose al transporte, la logística y, posteriormente, a los precios que enfrentan los consumidores.
Al mismo tiempo, la Reserva Federal continúa evaluando el posible impacto que la rápida adopción de la inteligencia artificial podría tener sobre la productividad y la inflación durante los próximos trimestres.
En este contexto, el banco central mantiene una postura de cautela, privilegiando la estabilidad de precios mientras analiza la evolución de los próximos indicadores económicos.
Uno de los aspectos más relevantes de esta reunión volvió a ser el estilo de comunicación adoptado por el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, quien desde su llegada al cargo en mayo ha evitado entregar señales anticipadas sobre el rumbo de la política monetaria.
A diferencia de sus predecesores, Warsh ha dejado de utilizar la denominada "forward guidance", una práctica mediante la cual los miembros de la Fed acostumbraban orientar a los mercados sobre las decisiones futuras. Tanto el comunicado como la conferencia de prensa mantuvieron esa línea, sin ofrecer indicios concretos sobre la reunión de septiembre ni sobre el momento en que podría producirse un nuevo incremento de los tipos.
Durante su comparecencia, Warsh insistió en que las próximas decisiones dependerán exclusivamente de la evolución de los datos económicos, reiterando que la Reserva Federal continuará evaluando la inflación, el mercado laboral y las condiciones financieras antes de adoptar cualquier medida adicional.
Esta estrategia busca otorgar mayor flexibilidad a la política monetaria en un entorno caracterizado por una elevada incertidumbre, aunque también incrementa la dificultad de los mercados para anticipar los movimientos del banco central.
Pese a la decisión de mantener los tipos sin cambios, los inversionistas continúan descontando la posibilidad de un nuevo endurecimiento monetario antes de finalizar el año.
Antes de la publicación del comunicado, el mercado de swaps asignaba una probabilidad cercana al 38% de una subida inmediata, mientras que las expectativas acumulaban alrededor de 45 puntos base adicionales de ajuste para el resto de 2026, con septiembre como la reunión que concentra mayor atención.
Esta percepción responde, principalmente, a que el reciente repunte de los precios de la energía podría dificultar el proceso de convergencia de la inflación hacia el objetivo del 2%.
Para muchos participantes del mercado, la discusión ya no gira en torno a si la Reserva Federal volverá a subir las tasas, sino sobre cuándo considerará necesario hacerlo.
La decisión de la Reserva Federal también provocó importantes movimientos en los metales preciosos.
Durante la sesión, el contrato más activo del oro Comex cayó hasta US$3.993,80 por onza, perforando momentáneamente el nivel de US$4.000, aunque posteriormente revirtió completamente las pérdidas tras conocerse el resultado de la reunión y alcanzó US$4.080,80, equivalente a un avance cercano al 1% respecto al cierre anterior.
En el mercado spot, el oro también recuperó posiciones hasta US$4.081,10 por onza, mientras que la plata registró un desempeño aún más sólido, con un alza de 2,2% en los contratos de septiembre, hasta US$58,78 por onza.
La reacción refleja el complejo equilibrio que actualmente enfrentan los inversionistas. Por una parte, las tensiones geopolíticas favorecen la demanda de activos considerados refugio. Por otra, el aumento del precio del petróleo fortalece las expectativas de inflación y mantiene viva la posibilidad de nuevas subidas de tasas, un escenario que suele limitar el atractivo de activos que no generan rendimientos, como el oro.

Gráficos del oro al contado en 1H / Fuente: TradingView
La reunión de julio no modificó la política monetaria estadounidense, pero sí dejó varias señales relevantes para los mercados.
La división interna dentro del FOMC evidencia que el debate sobre la inflación se ha intensificado, mientras que la decisión de Kevin Warsh de mantener una comunicación deliberadamente prudente deja completamente abiertas las alternativas para las próximas reuniones.
Con una inflación aún por encima del objetivo, un mercado laboral que continúa mostrando resiliencia y un entorno geopolítico que mantiene elevados los riesgos sobre la energía, la atención del mercado se desplazará ahora hacia las próximas cifras de inflación, empleo y actividad económica.
Más que confirmar un rumbo definido, la Reserva Federal dejó claro que el siguiente movimiento dependerá, una vez más, de los datos. Y, en un escenario donde la incertidumbre sigue dominando las perspectivas económicas, cada publicación macroeconómica tendrá un peso creciente en las expectativas sobre la política monetaria durante la segunda mitad del año.