Publicado el: 2026-07-23
Actualizado el: 2026-07-23
El Banco Central Europeo decidió mantener sin cambios sus tres tasas de interés oficiales en su reunión de julio, cumpliendo con las expectativas del mercado y haciendo una pausa después del incremento de 25 puntos base aplicado el mes anterior. La tasa de la facilidad de depósito permaneció en 2,25%, la tasa de las operaciones principales de refinanciación se mantuvo en 2,40% y la facilidad marginal de crédito continuó en 2,65%.
La decisión fue adoptada por unanimidad por el Consejo de Gobierno, aunque durante la reunión algunos de sus integrantes plantearon la posibilidad de avanzar inmediatamente con una nueva subida. Finalmente, el organismo optó por esperar hasta contar con más información sobre la inflación, el crecimiento y la evolución de los mercados energéticos antes de modificar nuevamente el costo del crédito.
La pausa se produce después de que el BCE elevara las tasas en junio por primera vez en tres años. En aquella oportunidad, el organismo argumentó que el conflicto en Oriente Próximo estaba generando nuevas presiones inflacionarias y que una respuesta preventiva permitiría enfrentar distintos escenarios de propagación del shock energético.
Desde entonces, el entorno económico ha seguido mostrando señales mixtas. La inflación de la Eurozona descendió al 2,8% interanual en junio, desde el 3,2% registrado en mayo, interrumpiendo cuatro meses consecutivos de aumentos. Sin embargo, el indicador continúa por encima del objetivo del 2% establecido por el Banco Central Europeo.
Christine Lagarde destacó que la moderación del índice de precios fue mayor de lo esperado, mientras la actividad económica mostró una resistencia superior a la prevista. No obstante, esas señales favorables coincidieron con un nuevo deterioro del escenario geopolítico y con una fuerte recuperación de los precios del petróleo y del gas natural.
El BCE reiteró que no seguirá una trayectoria predeterminada para las tasas y que cada decisión será adoptada en función de los datos disponibles en cada reunión. El organismo evaluará las perspectivas de inflación, la evolución de la inflación subyacente, la intensidad de la transmisión de la política monetaria y las condiciones financieras de la Eurozona.

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo.
La conferencia de prensa posterior a la decisión estuvo marcada por las referencias al mercado energético. Lagarde advirtió que el impacto inflacionario del actual shock todavía no se ha manifestado completamente y que su intensidad podría aumentar si las tensiones en Oriente Próximo continúan afectando el suministro y las rutas de transporte.
El precio del petróleo Brent volvió a aproximarse a los US$100 por barril, mientras el gas natural europeo alcanzó su nivel más alto desde el inicio de la guerra con Irán. El recrudecimiento de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, las interrupciones en torno al Estrecho de Ormuz y los ataques contra petroleros saudíes en el Mar Rojo incrementaron la incertidumbre sobre el abastecimiento energético.
Lagarde reconoció que el escenario más favorable considerado en las previsiones de junio, basado en una reducción de los precios de la energía tras una resolución del conflicto, se ha vuelto menos probable. El alto el fuego tuvo una duración limitada y las hostilidades regresaron, modificando nuevamente las perspectivas para la inflación y el crecimiento.
El BCE señaló que la duración del encarecimiento energético será determinante para medir su impacto sobre el resto de la economía. Una subida temporal del petróleo puede tener un efecto acotado en la inflación general, pero un periodo prolongado de precios elevados puede trasladarse a los costos de transporte, producción, alimentos, servicios y bienes industriales.
La institución también presta especial atención a los posibles efectos de segunda vuelta. Estos se producirían si el aumento del costo de vida derivara en mayores exigencias salariales y, posteriormente, en nuevas alzas de precios por parte de las empresas. Lagarde indicó que, hasta ahora, el BCE no observa señales claras de una aceleración salarial asociada al actual shock energético.
El banco central continuará vigilando tanto el petróleo como el gas natural. En el caso europeo, el gas tiene una relevancia particular debido a su influencia sobre la generación eléctrica, la industria y los costos de calefacción. Las reservas también permanecen bajo observación ante la proximidad de los meses de mayor demanda.
El personal técnico del BCE recibió instrucciones para elaborar nuevos escenarios sobre el comportamiento de los precios del crudo y del gas antes de la próxima reunión. El objetivo será determinar cómo diferentes niveles de energía podrían afectar la inflación, el crecimiento y las condiciones financieras de los países de la Eurozona.
La próxima reunión de política monetaria, programada para septiembre, contará con una nueva actualización de las previsiones macroeconómicas del Eurosistema. Para entonces, el Consejo de Gobierno dispondrá de dos nuevas lecturas de inflación, datos adicionales de actividad y una evaluación más completa del impacto de la crisis energética.
En junio, el BCE elevó su previsión de inflación para este año desde 2,6% hasta 3% y redujo ligeramente su estimación de crecimiento económico hasta 0,8%. El organismo también presentó un escenario adverso que contemplaba un precio del gas cercano a 60 euros por megavatio hora y un Brent en torno a US$122 por barril.
En ese escenario, la inflación podría alcanzar un promedio de 3,3% durante el año, mientras el crecimiento del producto interno bruto se moderaría hasta 0,7%. Para 2027, los precios todavía podrían aumentar alrededor de 3%, acompañados por una expansión económica de aproximadamente 0,9%.
Las proyecciones oficiales del BCE apuntan actualmente a una inflación promedio del 3% este año, 2,3% en 2027 y 2% en 2028. La institución reconoce, sin embargo, que la elevada volatilidad de los mercados energéticos puede modificar rápidamente estas estimaciones.
El organismo enfrenta el desafío de contener las presiones inflacionarias sin profundizar la debilidad del crecimiento europeo. Una política monetaria demasiado restrictiva podría afectar el consumo, la inversión y la actividad industrial, mientras una respuesta insuficiente podría permitir que el shock energético se extienda hacia otros componentes de la inflación.
Lagarde insistió en que el BCE considera que se encuentra en una buena posición para gestionar la incertidumbre y reiteró que el Consejo decidirá reunión a reunión. También evitó comprometer una orientación concreta para septiembre, señalando que el peso de la decisión recaerá sobre la información económica disponible.
Además de la política monetaria, la presidenta del BCE abordó las especulaciones sobre su continuidad al frente de la institución. Lagarde descartó una salida inmediata y afirmó que permanecerá en el cargo mientras el entorno económico continúe marcado por la incertidumbre. Su mandato se extiende hasta octubre de 2027.
La decisión de julio mantiene estable el costo del dinero en la Eurozona, pero confirma que la energía vuelve a ocupar un lugar central en el análisis del Banco Central Europeo. La evolución del petróleo, el gas, la inflación y los salarios determinará si la pausa actual se mantiene o si el organismo retoma el proceso de endurecimiento monetario durante los próximos meses.