Publicado el: 2026-07-14
El panorama financiero y geopolítico global se encuentra bajo una presión importante tras la escalada del conflicto en el Estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para el suministro energético mundial que ha derivado en acciones militares directas y una reconfiguración de la seguridad marítima. La intensificación de los ataques entre Estados Unidos e Irán, culminando con el anuncio por parte del presidente Donald Trump de que Estados Unidos vuelve a imponer un bloqueo al Estrecho y actuará como su "guardián", exigiendo una tasa del 20% sobre la carga transportada, ha desencadenado una volatilidad significativa en los mercados de materias primas y renta fija. Este entorno, agravado por la escasez de componentes críticos tras el bloqueo chino a las exportaciones de helio y la caída de las reservas estratégicas de crudo de Estados Unidos, está obligando a los inversores a reajustar sus expectativas ante una posible espiral inflacionaria y una postura más restrictiva por parte de la Reserva Federal.

En el contexto de Estados Unidos, los mercados reaccionaron a la escalada en Ormuz con un disparo del 9% en los precios del petróleo antes de que el presidente Trump anunciara el restablecimiento del bloqueo y el cobro de una tasa del 20% sobre el valor de la carga para el tránsito, una medida que el Centro Conjunto de Información Marítima liderado por la Marina de Estados Unidos aplicará a todo el tráfico naval a partir de las 20:00 GMT del 14 de julio, abarcando toda la costa iraní y sus terminales petroleras, aunque permitiendo el tránsito neutral hacia destinos no iraníes. En este clima, el gobernador de la Reserva Federal, Christopher Waller, ha expresado su preocupación por la necesidad de una política monetaria más estricta, advirtiendo que podría requerir subidas de tipos si la lectura de inflación subyacente de esta semana resulta elevada, mientras que el mercado ha elevado al 45% la probabilidad de una subida de tipos en julio, frente al 35% registrado la semana anterior.

Waller, quien rechaza la efectividad de las estimaciones puntuales para medir el éxito de la Fed, propone un rango objetivo de inflación del 1.5%-2.5% y ha sido tajante al señalar que no le interesan las subidas simbólicas; paralelamente, el rendimiento del bono del Tesoro a dos años alcanzó el 4.281%, su nivel más alto desde febrero de 2025. reflejando el nerviosismo ante el posible impacto de los precios del petróleo en la inflación, pese a que el gasto de los hogares y las empresas se mantiene estable. Mientras tanto, el sector corporativo se prepara para una intensa temporada de resultados, destacando revisiones al alza en las ganancias del S&P 500 y una fuerte inversión de Meta superior a los 50.000 millones de dólares en su centro de datos de IA en Luisiana; no obstante, UBS ha reducido los objetivos de precio para Meta y Alphabet, mientras que BofA Global Research elevó el objetivo de AMD a 620 dólares. En este marco, los datos de Factset indican una histórica cantidad de revisiones al alza en las ganancias del S&P 500 para este segundo trimestre, aunque la compra neta minorista ha caído a su ritmo más débil desde la era del Covid, y los precios de la vivienda han alcanzado un máximo histórico.
En cuanto a Europa y Asia, el bloque europeo enfrenta la incertidumbre sobre la reversión del tope al precio del petróleo ruso, según señaló el Ministro de Asuntos Exteriores de la UE, Kallas, al tiempo que Dubái planea un nuevo puerto para evitar el Estrecho de Ormuz. Los operadores han subido las apuestas sobre el Banco Central Europeo, descontando completamente una subida de 25 puntos básicos en septiembre. En Asia, la situación es crítica debido a que China bloqueó temporalmente las exportaciones de helio, un elemento clave para la fabricación de chips y el sector médico, citando la necesidad de asegurar el suministro interno ante una oferta global "muy ajustada" y la presión de la guerra; mientras tanto, la taiwanesa TSMC, el mayor fabricante de chips por contrato, reportó un crecimiento interanual del 68% en sus ingresos de junio, lo que impulsó sus acciones un 1%. En Irán, el Mando Militar Conjunto ha advertido que cualquier cooperación regional con Estados Unidos será considerada una guerra y ha prometido una respuesta contundente al bloqueo, mientras que el oro cayó un 2.5%, hasta los 4.000 dólares por onza.

Mi conclusión sobre este panorama es que la narrativa financiera retoma de nuevo hacia la geopolítica y el riesgo de un choque energético prolongado. La desconexión entre la solidez de los fundamentales corporativos y la volatilidad impulsada por el conflicto en el Estrecho de Ormuz sugiere que los mercados entrarán en una fase de espera vigilante hasta obtener datos claros de inflación (IPC e IPP) y ventas minoristas esta semana. La proyección central es que, si la inflación subyacente no muestra una desaceleración significativa, la Reserva Federal se verá forzada a mantener o endurecer su sesgo restrictivo, lo que incrementará la presión sobre los activos de riesgo. Para los próximos días, espero gran volatilidad en el sector energético y una alta sensibilidad en los valores tecnológicos ante el endurecimiento de las condiciones financieras; el escenario base es una corrección bursátil mientras el mercado busca establecer una nueva prima de riesgo adecuada a un entorno de suministro fragmentado y tipos de interés estructuralmente más altos.