Publicado el: 2026-02-09
Las acciones de Amazon cayeron con fuerza en los últimos días y volvieron a colocarse en el centro de la conversación en Wall Street. Lo que parecía un inicio de año relativamente estable para el gigante del comercio electrónico terminó convirtiéndose en una corrección marcada, con ventas intensas y una clara pérdida de impulso.
El retroceso no solo sorprendió por su magnitud, sino porque llega en un momento en el que Amazon sigue siendo una de las compañías más grandes e influyentes del mercado. Sin embargo, el mercado no siempre premia el tamaño: premia las expectativas, y ahí es donde empezaron los problemas.

En las últimas sesiones, el precio de Amazon se ha movido alrededor de los 210 a 240 dólares por acción, lejos de los máximos recientes y en uno de sus niveles más bajos de los últimos meses.
La caída fue especialmente visible en una jornada donde el papel llegó a perder más de un 8% en un solo día, convirtiéndose en uno de los valores tecnológicos más golpeados del momento.
Aunque el mercado en general ha mostrado algunos rebotes técnicos, Amazon no logró engancharse a esa recuperación. Al contrario: la tendencia bajista se fue reforzando.

La pregunta que se repite entre inversores es directa: ¿por qué las acciones de Amazon cayeron si la empresa sigue creciendo?
La respuesta es que no se trata de un solo motivo, sino de una combinación de factores que, juntos, generaron desconfianza en el corto plazo.
Uno de los detonantes principales fue el anuncio de que Amazon planea invertir cerca de 200.000 millones de dólares en 2026 para expandir su infraestructura tecnológica e inteligencia artificial.
El plan incluye centros de datos, chips propios, servicios de nube y capacidad para competir en el nuevo boom de la IA.
Pero el mercado reaccionó con frialdad: esa inversión es enorme, y muchos inversores temen que presione los márgenes y reduzca ganancias en el corto plazo.
Amazon presentó resultados sólidos en ingresos, pero el problema estuvo en el futuro: su guía de beneficios para el próximo trimestre fue más moderada de lo que Wall Street esperaba.
En la bolsa, muchas veces lo que importa no es lo que hiciste, sino lo que prometes hacer después. Y esa previsión cauta pesó más que los buenos números pasados.
El contexto tampoco ayudó. Las grandes tecnológicas vienen atravesando semanas de volatilidad, con inversores rotando hacia sectores más defensivos.
Cuando el mercado entra en modo "menos riesgo", compañías de crecimiento como Amazon suelen sufrir más, porque dependen de expectativas futuras y no tanto de dividendos inmediatos.
En medio de la caída, hay algunos puntos que explican bien lo que ocurrió:
El gasto gigantesco en IA generó dudas sobre la rentabilidad inmediata
La previsión de beneficios fue más floja de lo que se esperaba
El mercado está más sensible y menos dispuesto a pagar caro por crecimiento
La presión vendedora aumentó con movimientos técnicos y ventas institucionales
Lo curioso es que Amazon no está en crisis como empresa. Sigue siendo líder en comercio electrónico, logística, publicidad digital y, sobre todo, en nube gracias a AWS.
Pero aquí aparece otro punto clave: AWS ya no crece con la misma fuerza explosiva de antes, y los analistas comparan constantemente su ritmo con el de Microsoft o Google Cloud.
Aunque AWS sigue creciendo, cualquier señal de desaceleración se interpreta como un problema, porque es uno de los motores principales de rentabilidad.
La caída no fue solo un mal día. Las acciones de Amazon cayeron y siguen en racha bajista porque el mercado todavía no encuentra motivos claros para volver a comprar con fuerza.
Amazon venía con un recorrido alcista fuerte, y muchos inversores ya descontaban un futuro casi perfecto: crecimiento en nube, liderazgo en IA y márgenes mejores.
Cuando las expectativas son tan altas, cualquier noticia que no sea excelente se convierte en excusa para vender.
Invertir 200.000 millones suena estratégico, sí, pero también significa gastar muchísimo hoy para ganar mañana.
Y el mercado, en este momento, está menos paciente.
Además, cuando una acción rompe ciertos soportes, aparecen ventas automáticas, stops y movimientos de traders de corto plazo que aceleran la caída.
Amazon terminó atrapada en esa dinámica.
El debate está abierto:
Algunos ven esta corrección como una oportunidad de entrada para largo plazo, apostando a que Amazon dominará la infraestructura de IA.
Otros creen que la acción puede seguir bajo presión mientras el mercado no vea mejoras claras en márgenes y en el crecimiento de AWS.
En cualquier caso, el sentimiento ahora mismo es más prudente que optimista.
Las acciones de Amazon cayeron porque el mercado reaccionó con nerviosismo a una mezcla de gasto récord, previsiones cautas y un entorno tecnológico más volátil.
Amazon sigue siendo una empresa enorme y sólida, pero la bolsa no se mueve solo por fundamentos: se mueve por expectativas, confianza y timing.
Y ahora mismo, los inversores están en modo espera, mirando de cerca si esta apuesta masiva por la inteligencia artificial será el motor del próximo gran rally... o una presión extra sobre sus beneficios en el corto plazo.
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