Publicado el: 2026-01-22
Las relaciones comerciales de América Latina están atravesando una etapa de reajuste silencioso pero profundo. Mientras Donald Trump vuelve a endurecer el discurso y la política comercial de Estados Unidos con nuevos aranceles y amenazas proteccionistas, la región ha optado por una estrategia más pragmática: diversificar socios y reducir la dependencia de un solo mercado.
En ese contexto, China se ha convertido en un pilar clave para sostener exportaciones, ingresos y estabilidad económica. No se trata de un giro abrupto, sino de un proceso que ya venía gestándose y que hoy cobra mayor relevancia frente a la incertidumbre global.

El regreso de Trump a la escena internacional ha reactivado tensiones comerciales que muchos creían superadas. Su enfoque vuelve a poner el énfasis en la protección de la industria estadounidense, incluso a costa de afectar a socios históricos.
Para América Latina, este escenario ha supuesto un desafío claro. Las relaciones comerciales con Estados Unidos siguen siendo importantes, pero ya no ofrecen la misma previsibilidad. Aranceles, renegociaciones y cambios de reglas obligaron a los países de la región a replantear su estrategia externa.
Frente a este panorama, China ha reforzado su presencia como socio comercial. El gigante asiático ha aumentado de forma sostenida la compra de productos latinoamericanos, especialmente alimentos, minerales y energía, al tiempo que amplía su inversión en infraestructura y logística.
Estas relaciones comerciales ofrecen algo clave en tiempos de volatilidad: volumen, continuidad y contratos de largo plazo. Para economías dependientes del comercio exterior, eso marca una diferencia sustancial.
| País | Principal producto exportado | Relevancia |
|---|---|---|
| Brasil | Soja y mineral de hierro | Muy alta |
| Chile | Cobre | Crítica |
| Perú | Cobre y oro | Alta |
| Argentina | Soja y carne | Alta |
| México | Manufacturas específicas | Media |
Esta estructura deja en evidencia que las relaciones comerciales con China siguen muy ligadas a materias primas, aunque algunos países comienzan a ampliar su canasta exportadora.

El crecimiento es claro y sostenido. Mientras el comercio global enfrenta fricciones, las relaciones comerciales entre América Latina y China no han dejado de expandirse.
A pesar del avance chino, Estados Unidos no ha desaparecido del mapa. Para México, sigue siendo el socio comercial dominante. Sin embargo, en Sudamérica el equilibrio ha cambiado.
Brasil, Chile, Perú y Argentina han logrado diversificar mejor sus relaciones comerciales, reduciendo riesgos y ganando margen de maniobra frente a decisiones unilaterales desde Washington.
| País | China | Estados Unidos |
|---|---|---|
| Brasil | Alta | Alta |
| Chile | Muy alta | Media |
| Perú | Muy alta | Media |
| Argentina | Alta | Media |
| México | Media | Muy alta |
Este reparto muestra que la región no ha sustituido a un socio por otro, sino que ha construido una red comercial más equilibrada.
Argentina refleja bien este proceso. En el último año, el país alcanzó uno de sus niveles de exportación más altos, impulsado en gran medida por una mayor demanda desde China y otros mercados asiáticos.
El fortalecimiento de sus relaciones comerciales permitió compensar tensiones externas y aprovechar un contexto global complejo, incluso en medio de ajustes internos.
Más allá de lo político, este cambio en las relaciones comerciales tiene un impacto directo en los mercados financieros y en el trading. Cada ajuste en el comercio internacional se traduce en movimientos de precios, expectativas y volatilidad.
China es el principal comprador de muchos productos latinoamericanos. Cuando se fortalecen las relaciones comerciales, los precios de activos como la soja, el cobre o el mineral de hierro suelen reaccionar.
En trading, esto afecta a:
Futuros agrícolas (soja y maíz).
Metales industriales, especialmente el cobre.
Acciones de empresas mineras y agroexportadoras.
Una mayor demanda china suele generar expectativas alcistas; cualquier señal de enfriamiento puede provocar correcciones rápidas.
Las relaciones comerciales también influyen directamente en el mercado forex. Más exportaciones implican mayor ingreso de dólares y mejor percepción de riesgo país.
Para los traders:
El real brasileño, el peso chileno o el sol peruano suelen reaccionar a noticias comerciales.
Un comercio exterior sólido reduce presión cambiaria.
Las tensiones con EE. UU. suelen aumentar la volatilidad en el corto plazo.
Las bolsas latinoamericanas reflejan este contexto. Empresas ligadas a exportaciones, logística, energía y minería tienden a beneficiarse cuando las relaciones comerciales se fortalecen.
Para traders e inversionistas, estas noticias influyen en:
El desempeño de índices locales.
El liderazgo sectorial dentro de las bolsas.
El apetito por riesgo en mercados emergentes.
La guerra arancelaria y el reordenamiento de las relaciones comerciales generan volatilidad, un factor clave para el trading.
Más volatilidad implica más oportunidades.
Pero también mayor riesgo si no hay una correcta gestión.
El análisis macroeconómico se vuelve fundamental para anticipar movimientos.
Las relaciones comerciales con China ofrecen beneficios claros, pero no están exentas de desafíos.
Demanda estable y de gran escala
Contratos de largo plazo
Inversión en infraestructura
Dependencia de materias primas
Bajo valor agregado
Exposición al ciclo económico chino
El desafío regional es transformar este vínculo en un motor de desarrollo más diversificado.
Las relaciones comerciales se han convertido en el principal escudo de América Latina frente a la guerra arancelaria impulsada por Donald Trump. El fortalecimiento del vínculo con China ha permitido sostener exportaciones, reducir vulnerabilidades y ofrecer mayor estabilidad económica.
Para los mercados y el trading, este reequilibrio no es un detalle menor: es una de las claves para entender movimientos en divisas, materias primas y acciones latinoamericanas. En un mundo cada vez más fragmentado, seguir de cerca estas relaciones ya no es opcional, es una necesidad.
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