Publicado el: 2026-06-22
Durante gran parte de 2025 y comienzos de 2026, el oro fue uno de los activos con mejor desempeño en los mercados globales. El metal acumuló una rentabilidad cercana al 73% durante 2025, impulsado por la combinación de tensiones geopolíticas, expectativas de recortes de tasas en Estados Unidos y una fuerte demanda de activos refugio.
La tendencia se extendió durante las primeras semanas de 2026, llevando al oro hasta un máximo histórico cercano a los US$5.600 por onza a finales de enero. Sin embargo, lo que parecía una trayectoria alcista prácticamente ininterrumpida comenzó a cambiar de dirección a medida que el contexto macroeconómico evolucionó.
Actualmente, el metal cotiza en torno a los US$4.200 por onza, acumulando una caída superior al 25% desde sus máximos históricos.
Uno de los principales catalizadores del movimiento bajista fue el cambio en el escenario geopolítico de Medio Oriente.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán elevó inicialmente el atractivo del oro como refugio, pero el mercado comenzó a descontar un escenario muy distinto tras los avances diplomáticos entre ambos países y la firma de un acuerdo preliminar de paz.
La reapertura gradual del Estrecho de Ormuz redujo significativamente las preocupaciones sobre interrupciones en el suministro energético global, provocando un fuerte retroceso en los precios del petróleo y eliminando parte importante de la prima de riesgo que había impulsado tanto a la energía como a los metales preciosos.
Aunque durante los últimos días el oro ha mostrado algunos rebotes técnicos ante las dificultades que continúan enfrentando las negociaciones entre Washington y Teherán en Suiza, el mercado parece mucho más enfocado en otro factor: la política monetaria estadounidense.

Si durante buena parte de 2025 el oro encontró respaldo en las expectativas de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal, hoy el panorama es muy diferente.
La llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Fed ha reforzado una postura considerablemente más agresiva frente a la inflación. En su primera conferencia como presidente del banco central, Warsh dejó claro que la estabilidad de precios será una prioridad, incluso si ello implica mantener los tipos de interés elevados durante más tiempo o contemplar nuevas subidas.
Este cambio de expectativas fortaleció al dólar estadounidense y elevó los rendimientos de los bonos del Tesoro, dos factores históricamente negativos para el oro, que no genera rendimientos propios.
Actualmente, los mercados descuentan una elevada probabilidad de nuevas alzas de tasas antes de finalizar el año, escenario que continúa limitando el potencial alcista del metal.

A pesar del fuerte ajuste registrado durante los últimos meses, algunos participantes del mercado consideran que la caída podría estar acercándose a zonas de valor interesantes.
Desde una perspectiva técnica, el área comprendida entre US$4.100 y US$4.200 por onza aparece como una zona de soporte relevante. Sin embargo, mientras persista la fortaleza del dólar y la Reserva Federal mantenga su discurso restrictivo, no puede descartarse una extensión de las presiones bajistas.
Por el contrario, cualquier deterioro significativo en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán o una moderación inesperada en el tono de la Fed podría devolver parte del atractivo perdido al metal precioso.
Por ahora, el mercado parece haber pasado de premiar la incertidumbre geopolítica a concentrarse nuevamente en la evolución de las tasas de interés, un cambio de narrativa que explica gran parte de la corrección que hoy atraviesa uno de los activos más seguidos por los inversores a nivel global.