Publicado el: 2026-09-02
El arranque de septiembre ha desencadenado una marcada aversión al riesgo en la escena financiera global, en un escenario donde el recrudecimiento de los conflictos geopolíticos en Oriente Medio se junta con la persistente tensión en el mercado de renta fija soberana y el reajuste en las expectativas de política monetaria. La cotización del petróleo crudo estadounidense de referencia WTI se disparó por encima de los 91 dólares y superó la barrera de los 90 dólares por barril por primera vez desde finales de julio, impulsada por las represalias militares en torno al estratégico Estrecho de Ormuz. Este repunte energético exacerbó de inmediato las alarmas inflacionarias a escala internacional, desatando una severa venta masiva de bonos soberanos, marcando su nivel más alto desde la crisis financiera de 2008 tras cuatro jornadas consecutivas al alza y acumulando un retroceso del -0.9% en el año. En el tramo estadounidense, la tasa del bono del Tesoro a 10 años repuntó hasta situarse por encima del 4.80% por primera vez desde el 14 de enero de 2025 y 5.27% en el de 30 años), lo que anticipa un inminente decante hacia el mercado crediticio interno con tipos hipotecarios proyectados sobre el 7%.

En la esfera macropolítica y de política monetaria en Estados Unidos, los indicadores macroeconómicos locales mostraron un comportamiento mixto, el PMI manufacturero del ISM se ubicó en 54.6 puntos (frente a la previsión de 55.2 y el anterior de 55.6), el índice de empleo manufacturero se situó en 51.2 (frente a 52.5 previsto), la encuesta S&P de PMI manufacturero final marcó 53.9 y las vacantes de empleo JOLTS descendieron a 7.271 millones, mientras que el gasto en construcción retrocedió un -0.5% MoM. La retórica de las autoridades monetarias y del Tesoro añadió cautela adicional. Joseph Barr, de la Reserva Federal, subrayó que la inflación continúa en niveles excesivamente elevados y advirtió que, aunque la economía crece de forma sólida gracias al impulso de la inteligencia artificial y el desempleo se mantiene bajo, la Fed evaluará subir los tipos si los precios no se moderan. Este enfoque hawkish llevó a los operadores a descontar una probabilidad cercana al 70% de una subida de tipos este mes. En contraste, Donald Trump rechazó la postura de endurecimiento expresada por el presidente de la Fed, Kevin Warsh, tildando de "ridículo" hablar de subidas y sosteniendo que Estados Unidos debería tener las tasas de interés más bajas del mundo. Paralelamente, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, adelantó un paquete fiscal integral, advirtió sobre la reestructuración de deuda que requerirán países de bajos ingresos, abordó la desvinculación selectiva de riesgos con China y criticó los desequilibrios comerciales persistentes abordados en el marco del G20. donde la subsecretaria Erin Browne señaló discrepancias con países superavitarios. En el terreno electoral, las expectativas del mercado asignan una clara probabilidad de barrido demócrata en ambas cámaras para las elecciones de mitad de término a celebrarse en 63 días, mientras el Índice de Miedo y Codicia se posicionó en 45/100.
En el ámbito corporativo y los mercados de renta variable, el S&P 500 dio inicio a septiembre (estacionalmente el mes más adverso del año con caídas promedio históricas del 0.7% al 0.9% desde la segunda mitad del siglo pasado) retrocediendo un 0.7% en la sesión previa. La rotación del capital y la liquidación afectaron con especial dureza a las empresas tecnológicas y de semiconductores ante la presión ejercida por el aumento en el costo de capital de la curva soberana. Frente a la creciente volatilidad y a las expectativas de ajustes de tasas, la mesa de trading de JPMorgan Chase & Co., liderada por Andrew Tyler, giró su visión estratégica hacia una postura "tácticamente cautelosa", recomendando neutralizar posiciones y reducir la exposición larga neta. En el plano bilateral, la tensión diplomática aumentó tras las declaraciones del primer ministro canadiense Mark Carney, quien afirmó que las negociaciones comerciales con Estados Unidos no se reanudarán mientras persistan descalificaciones por parte de funcionarios estadounidenses.
La geopolítica internacional se transformó en el vector determinante del sentimiento del mercado tras la escalada bélica directa en Oriente Medio y Europa del Este. En la zona del Estrecho de Ormuz, fuerzas estadounidenses ejecutaron ataques dirigidos contra objetivos iraníes en respuesta a incidentes previos contra la navegación comercial y la colocación de minas, tras el impacto de ocho misiles iraníes sobre una base militar estadounidense en Jordania y agresiones a superpetroleros como el Sidr y el Senegal Prosperity. Trump advirtió a Teherán sobre represalias de mayor magnitud en caso de respuesta, sentenciando a través de Fox News que el acuerdo nuclear anterior carece de valor. Por su parte, la agencia Tasnim reportó que la cúpula iraní prometió una contestación más contundente mientras se activaban las defensas antiaéreas al este de Teherán, y se registraban explosiones en Chabahar, Bandar Abbas, Konarak y la isla de Qeshm. En el panorama europeo y asiático, el índice alemán DAX se adentró en su mes históricamente más volátil y complejo, mientras la eurozona registró una estimación preliminar de inflación del 3.3% para agosto (impulsada por un alza del 14.3% en energía) y la representante del Banco de Inglaterra, Catherine Mann, defendió sostener tipos elevados. En Asia, las tensiones sobre el mercado cambiario derivaron en un alza del rendimiento del bono soberano japonés (JGB) a 10 años hasta el 3.00% (máximo desde 1996), motivando al Tesoro de Estados Unidos a respaldar las medidas de Tokio contra la infravaloración del yen, al tiempo que el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskiy manifestó su disposición a pausar los ataques con drones hacia Rusia si la alianza aliada así lo requiere.

Los mercados financieros globales han ingresado formalmente en una fase de profunda reestructuración y alta volatilidad, donde el histórico pánico de septiembre se ve magnificado por un entorno macroeconómico profundamente complejo. La sincronización entre el repunte imprevisto de los precios de las materias primas energéticas y el vertiginoso ascenso en los rendimientos de la deuda soberana a nivel global vuelve a colocar sobre el tablero el riesgo de una espiral inflacionaria de segunda ronda. Este fenómeno atrapa a los principales bancos centrales en un dilema de política monetaria, por un lado, se ven forzados a endurecer o extender sus posturas restrictivas para anclar las expectativas de precios; por el otro, la aceleración en el costo del servicio de la deuda amenaza con deteriorar la sostenibilidad fiscal y contraer las valoraciones del sector de renta variable que sostuvieron el rally bursátil durante los meses precedentes.
De cara a las próximas jornadas, las proyecciones sugieren un escenario predominantemente defensivo y de sesgo bajista para las acciones de mayor beta y múltiplos extendidos. La evolución de la cotización del petróleo crudo continuará actuando como el principal indicador del riesgo geopolítico; una consolidación por encima de los 90 dólares por barril prolongará la presión sobre los bonos del Tesoro y mantendrá las tasas interbancarias en niveles tensionados. Bajo este escenario base, la rentabilidad de la renta variable se mantendrá acotada, recomendando un posicionamiento neutral en capitales, la reducción de apalancamiento en estrategias cuantitativas y una rotación estratégica hacia activos duros o cobertura en liquidez, en tanto no se concrete una estabilización efectiva en la curva de tipos de interés globales y un alivio apreciable en las tensiones en la franja del Estrecho de Ormuz.