Publicado el: 2026-06-05
El arranque de mes ha dejado claro que la calma no es una opción para las monedas de América Latina. La volatilidad ha vuelto a tomar las riendas y el comportamiento del dólar en junio tiene a los analistas e inversores pegados a las pantallas, tratando de descifrar un rompecabezas económico que cambia casi a diario. A nivel global, el billete verde viene arrastrando los pies debido a la pérdida de fuerza del índice DXY (que mide su salud frente a las grandes potencias), en gran parte por el rumbo que ha tomado la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos.
Con una Fed que ya ha empezado a aflojar el bolsillo, recortando sus tasas de interés hacia el rango del 3.50% y 3.75%, los bancos centrales de la región se debaten entre bajar sus propios tipos para reanimar el consumo o mantenerlos altos para que la inflación no se les vuelva a escapar. Esta danza de los intereses es, a fin de cuentas, el gran motor detrás del tipo de cambio en nuestros países.

La foto del continente es de todo menos uniforme; mientras unas monedas sacan músculo, otras sufren para mantener el equilibrio por culpa de sus propias tormentas internas.

En territorio mexicano, la moneda local se niega a ceder terreno. La cotización del precio del dólar en México se ha plantado con firmeza alrededor de los $17.27 pesos en el mercado interbancario. El "superpeso" sigue viviendo un idilio gracias a una entrada de remesas que no da tregua y a unas tasas de interés locales que todavía resultan jugosas para los fondos extranjeros que buscan exprimir rendimientos atractivos.

El mercado cambiario colombiano es, sin duda, el que más miradas se está robando estos días. El precio del dólar en Colombia pegó un frenazo en seco y se fue al piso al inicio del mes, rozando mínimos que no se veían en meses al tocar los $3.500 pesos, para luego rebotar tímidamente y bailar en una franja entre los $3.565 y los $3.578 pesos.
La cara de la moneda: El peso colombiano se ha valorizado más de un 7% frente al billete verde en el último año, convirtiéndose en una de las divisas más fuertes de la región.
El truco del dinero: Con el Banco de la República manteniendo sus tasas en un alto 9.25%, los inversores siguen metiendo sus fondos al país para aprovechar el diferencial con EE. UU. (lo que en la calle llaman carry trade), dándole un empujón extra a la moneda local frente al dólar en junio.

En el sur, el panorama es harina de otro costal porque las reglas de juego las pone el Gobierno. El mercado cambiario argentino muestra un dólar oficial minorista que avanza a paso lento por los $1.460 pesos en el Banco Nación. Lo curioso de estos días es el dólar "blue" o informal: se ha quedado quieto cerca de los $1.430 pesos. Esta inusual calma y el achicamiento de la brecha se deben a la estrategia del Banco Central de salir a comprar divisas a manos llenas para inflar sus reservas.
Si le preguntas a los que saben por qué el dólar en junio está tan inquieto, casi todos apuntan a tres culpables:
Petróleo y materias primas al alza: El crudo de referencia WTI cotiza con fuerza por encima de los $95 dólares por barril. Para países exportadores como Colombia o México, esto es una manguera de dólares directos a la economía.
El imán de las tasas: Como los bonos de Estados Unidos ya no pagan lo de antes, los capitales buscan adrenalina y mejores ganancias en los mercados emergentes.
Los nervios geopolíticos: Cualquier roce comercial global o anuncio arancelario en las noticias hace que los inversores se asusten y muevan miles de millones en cuestión de segundos.
Las apuestas para las próximas semanas indican que el dólar en junio va a seguir bailando al ritmo que le toquen desde Washington. Si los próximos datos de empleo o inflación en Estados Unidos muestran que su economía se está enfriando más rápido de lo pensado, el billete verde podría perder aún más tracción global.
En el día a día de la región, los técnicos estiman que el dólar en Colombia se moverá en un canal estrecho, con un techo duro en los $3.600 y un piso en los $3.540 pesos. Por los lados de México, todo apunta a que la estabilidad seguirá siendo la norma, oscilando entre los $17.10 y los $17.40 pesos, a menos que algún susto político cambie el guion.
Cuando levantamos la vista más allá del día a día, las cosas cambian de color. Aunque el dólar en junio se muestra algo débil y domado, los modelos de proyección de los grandes analistas sugieren que la moneda estadounidense sacará el orgullo y empezará a recuperarse de cara al cierre de 2026.
La actual luna de miel de las monedas latinas se irá desgastando a medida que los bancos centrales locales bajen sus tasas para reactivar sus propias economías y los efectos de la inflación global pasen factura. El mercado, por ende, vive un respiro temporal que promete ponerse más cuesta arriba en el último trimestre del año.
Lo que estamos viendo con el dólar en junio es el reflejo de una América Latina que ha sabido aprovechar el viento a favor y la debilidad de su contraparte del norte. Sin embargo, en el mundo de las divisas nadie puede cantar victoria antes de tiempo. Con un horizonte para el resto de 2026 que anticipa un regreso paulatino de la fuerza del billete verde, tanto los empresarios que importan mercancía como los bolsillos de los ciudadanos de a pie tendrán que moverse con pies de plomo en un escenario cambiario que no perdona los descuidos.