Publicado el: 2026-02-02
Hace apenas unos días, la plata era una de las grandes protagonistas del mercado. Las subidas parecían no tener freno y el metal blanco volvía a ocupar titulares por marcar precios que no se veían desde hace décadas. Hoy, el escenario es muy distinto. El precio de la plata cayó con fuerza y dejó a más de un inversor revisando sus posiciones con calma —y otros, con bastante preocupación—.
El giro fue rápido. Demasiado rápido para un mercado que venía embalado por la euforia. En cuestión de sesiones, la plata pasó de máximos históricos a una corrección profunda que rompió el tono optimista con el que había arrancado el año.

En estos primeros días de febrero, la plata se mueve alrededor de los 75 dólares por onza, lejos de los picos alcanzados a finales de enero. La caída fue brusca y, en algunos momentos, desordenada. No hubo una transición suave ni señales claras de freno: cuando empezó a bajar, las ventas se aceleraron.
El mercado, que semanas antes parecía dispuesto a pagar casi cualquier precio, se encontró de repente sin compradores suficientes. Y cuando eso ocurre en un activo tan volátil como la plata, el ajuste suele ser duro.

Durante enero, el relato era claro: inflación, refugio de valor, demanda industrial y una fuerte entrada de capital especulativo. Todo apuntaba a que la plata tenía todavía recorrido. Pero el problema no fue la historia de fondo, sino la velocidad.
El precio subió demasiado rápido. Y cuando un activo se mueve así, basta una chispa para cambiar el ánimo del mercado. Esa chispa llegó en forma de ventas iniciales que, lejos de calmarse, terminaron desatando una reacción en cadena.
No existe una única explicación. La corrección fue el resultado de varios factores que coincidieron al mismo tiempo y empujaron el precio hacia abajo con fuerza.
Muchos inversores llevaban semanas sentados sobre beneficios importantes. Cuando el precio empezó a mostrar debilidad, la decisión fue simple: vender y asegurar ganancias. Esa salida masiva añadió presión a un mercado ya saturado de posiciones largas.
No fue pánico al inicio. Fue prudencia. Pero esa prudencia terminó convirtiéndose en una avalancha.
El mercado de futuros tuvo un papel clave. El aumento de los requisitos de margen obligó a muchos operadores apalancados a cerrar posiciones de forma acelerada. En un contexto de precios cayendo, eso suele traducirse en más ventas y menos margen para que el precio se estabilice.
Este tipo de ajustes no cambia el valor real de la plata, pero sí tiene un impacto inmediato en su cotización.
El fortalecimiento del dólar también hizo su parte. Cuando el billete verde gana terreno, los metales preciosos suelen perder atractivo, especialmente para los inversores que operan fuera de Estados Unidos.
Las expectativas de una política monetaria más estricta reforzaron al dólar y empujaron a muchos a reducir exposición a materias primas, incluida la plata.
A medida que el precio rompía soportes clave, comenzaron a activarse órdenes automáticas. Stops, liquidaciones forzadas y ventas técnicas aceleraron el movimiento. En ese punto, ya no se trataba de análisis, sino de mecánica de mercado.
El resultado fue una caída rápida, con poca resistencia.
De forma resumida, el mercado se encontró con varios frentes abiertos al mismo tiempo:
Exceso de posiciones especulativas tras el rally
Cambios en los márgenes de los contratos de futuros
Dólar más fuerte y menor apetito por riesgo
Activación masiva de ventas técnicas
La combinación fue suficiente para romper el equilibrio.
El movimiento no se quedó solo en el metal blanco. El oro también retrocedió, aunque de forma más moderada, y los mercados financieros reaccionaron con cautela. En varias bolsas internacionales se impuso un tono defensivo, mientras los inversores reevaluaban su exposición a activos volátiles.
No fue una huida generalizada, pero sí un cambio de humor claro. La prioridad pasó a ser la gestión del riesgo.
Parte de la explicación de esta volatilidad está en la propia naturaleza de la plata. No es solo un activo financiero, también es un insumo clave para múltiples industrias. Energía solar, electrónica, automoción… su demanda depende tanto del crecimiento económico como del comportamiento de los mercados.
Eso la hace más sensible a cambios en expectativas, tipos de interés y movimientos de divisas. Cuando el entorno se vuelve incierto, la plata suele amplificar las reacciones.
Tras la caída, el tono de los analistas es más prudente que alarmista. Muchos coinciden en que el ajuste era necesario después de una subida tan vertical. El consenso es que el mercado se adelantó demasiado y ahora está corrigiendo excesos.
Algunos expertos destacan que la demanda industrial sigue ahí y que, más allá del ruido de corto plazo, los fundamentos no han desaparecido. Otros creen que la volatilidad seguirá siendo alta mientras no haya mayor claridad sobre el rumbo de la política monetaria.
Lo que pocos esperan es una vuelta inmediata a los máximos.
El mercado ahora observa con atención varios elementos que podrían marcar el próximo movimiento:
Datos de inflación y empleo en EE. UU.
Mensajes de la Reserva Federal
Evolución del dólar
Señales de demanda física de plata
Cualquier novedad en estos frentes puede volver a mover el precio con fuerza.
Lo ocurrido con el precio de la plata deja una lección clara: cuando un activo sube demasiado rápido, el ajuste suele llegar sin avisar. La plata sigue siendo un metal clave, pero también uno de los más difíciles de domar.
Después del entusiasmo de enero, febrero arranca con un mercado más frío y mucho más selectivo. La plata no ha dejado de ser relevante, pero ahora vuelve a recordarle a todos por qué es sinónimo de volatilidad.
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