Publicado el: 2026-02-04
El precio de acciones de Netflix atraviesa uno de sus momentos más incómodos en bolsa. En medio de un mercado cada vez más exigente con las grandes tecnológicas, la compañía sufrió una nueva oleada de ventas que empujó sus títulos hasta mínimos de 52 semanas, un nivel que no se veía desde hace un año.
La reacción no fue repentina ni aislada. En realidad, el retroceso venía gestándose desde hace semanas, con señales claras de desgaste en la confianza del mercado. Esta vez, la presión terminó de romper soportes clave y dejó a Netflix en el centro de las miradas.

En la sesión más reciente, el precio de acciones de Netflix se movió alrededor de los 80 dólares, tras haber llegado a tocar niveles incluso más bajos durante la jornada. Con ese movimiento, la acción confirmó su mínimo anual, profundizando una tendencia bajista que ya preocupa a muchos inversores.
Para ponerlo en contexto, Netflix llegó a cotizar por encima de los 134 dólares en su máximo de los últimos doce meses. Desde entonces, la caída ha sido sostenida y, en algunos tramos, bastante agresiva.
El mercado ya empieza a hablar de un cambio de etapa para la compañía, al menos desde el punto de vista bursátil.
Aunque el golpe fue fuerte, no tomó completamente desprevenidos a quienes venían siguiendo la acción. En los últimos meses, el precio de acciones de Netflix mostraba señales claras de debilidad: rebotes cada vez más cortos, ventas en cada intento de recuperación y un volumen que acompañaba las caídas.
Cuando finalmente se alcanzaron los mínimos de 52 semanas, muchos operadores lo interpretaron como la confirmación de una tendencia que ya estaba en marcha.
La respuesta no está en una sola noticia ni en un único dato. La caída del precio de acciones de Netflix es el resultado de varios factores que se fueron acumulando y terminaron pesando más de la cuenta.
Uno de los puntos que más influyó fue el enfriamiento de las expectativas. Netflix sigue siendo rentable y mantiene millones de suscriptores en todo el mundo, pero el mercado ya no espera crecimientos explosivos como en el pasado.
Las proyecciones más moderadas para los próximos trimestres fueron suficientes para que muchos inversores decidieran reducir posiciones. En un entorno donde se castiga cualquier señal de desaceleración, Netflix no logró convencer.
El negocio del streaming es hoy mucho más complejo que hace algunos años. Netflix compite con gigantes que tienen bolsillos profundos, catálogos enormes y, en algunos casos, modelos híbridos que presionan los precios.
Este escenario obliga a la compañía a invertir cada vez más en contenido, mientras los márgenes se vuelven más ajustados. Esa combinación no termina de gustar al mercado, que empieza a cuestionar cuánto espacio queda para crecer sin sacrificar rentabilidad.
También hay que mirar el contexto general. Las acciones tecnológicas han perdido atractivo frente a otros activos, y los inversores se muestran mucho más selectivos. En este clima, empresas como Netflix, cuyo valor depende en gran parte de expectativas futuras, suelen ser las primeras en sufrir.
No es que Netflix esté sola en la caída, pero sí es una de las que más lo siente.
Que el precio de acciones de Netflix haya tocado mínimos de 52 semanas tiene un impacto que va más allá del número. Para muchos participantes del mercado, estos niveles funcionan como una especie de alarma.
Cuando una acción cae a su punto más bajo del último año:
Se acelera la salida de inversores más conservadores
Se activan ventas técnicas y automáticas
Aumenta la percepción de debilidad en el corto plazo
Ese efecto psicológico suele alimentar nuevas caídas, al menos hasta que aparece algún catalizador que cambie el ánimo.
La reacción fue clara: predominó la cautela. El volumen siguió siendo elevado, lo que indica que no se trató solo de un ajuste puntual. Muchos inversores optaron por salir y esperar mejores señales antes de volver a entrar.
Las compras fueron escasas y selectivas, más asociadas a perfiles de largo plazo que a apuestas de corto recorrido.

Durante años, Netflix fue vista como una de las grandes historias de crecimiento del mercado. Hoy, esa narrativa empieza a ser revisada. No porque la empresa haya dejado de ser relevante, sino porque el entorno cambió y las exigencias son otras.
El mercado ya no premia solo el tamaño o la marca. Ahora quiere ver crecimiento sostenido, control de costos y claridad estratégica. Y cualquier duda se paga cara.
Tras alcanzar mínimos de 52 semanas, el foco está puesto en lo que venga. El mercado observa con lupa algunos puntos clave:
La evolución real de los suscriptores
La capacidad de sostener márgenes en un entorno competitivo
El tono de los próximos resultados trimestrales
Hasta que no haya señales claras de mejora, el precio de acciones de Netflix podría seguir moviéndose con volatilidad.
Pese a la caída, pocos creen que Netflix esté en problemas estructurales. La empresa sigue siendo líder en su sector y tiene una base sólida. Sin embargo, la etapa actual es distinta y exige algo más que buenos números pasados.
El mercado quiere certezas, no promesas.
El precio de acciones de Netflix cayó con fuerza y tocó mínimos de 52 semanas, reflejando un cambio claro en el ánimo del mercado. Las dudas sobre el crecimiento, la competencia en el streaming y un entorno bursátil más duro explican gran parte del retroceso.
Por ahora, la acción sigue bajo presión y el mercado se mantiene expectante. Netflix tendrá que volver a convencer, no solo con resultados, sino con una historia que recupere la confianza perdida.
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