El oro firma su peor mes desde 2008: cómo la Reserva Federal, el dólar y el cambio de expectativas transformaron el mercado
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El oro firma su peor mes desde 2008: cómo la Reserva Federal, el dólar y el cambio de expectativas transformaron el mercado

Publicado el: 2026-06-30

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Gold1.1.jpgJunio dejó una de las mayores correcciones para el oro en casi dos décadas. Tras alcanzar máximos históricos a comienzos de 2026, el metal perdió cerca del 13% durante el mes, afectado por un dólar fortalecido, expectativas de tasas elevadas y un cambio en la percepción del riesgo geopolítico.


Del activo estrella al peor desempeño mensual en diecisiete años


El mercado del oro cerró junio con uno de los retrocesos más importantes registrados desde la crisis financiera global de 2008. El metal precioso acumuló una caída cercana al 12,9% durante el mes, un movimiento que sorprendió incluso después de las fuertes correcciones observadas en las últimas semanas y que confirma un cambio significativo en la dinámica que había impulsado al oro durante gran parte de 2025 y comienzos de este año.


En la última sesión del mes, el oro al contado descendió hasta US$3.965,51 por onza, mientras que los futuros finalizaron cerca de US$3.975,92, llevando al metal a su nivel más bajo desde noviembre de 2025. El deterioro también coincide con la pérdida de la barrera psicológica de los US$4.000, un nivel que durante meses fue considerado una referencia relevante para el mercado.


La magnitud del ajuste resulta especialmente llamativa considerando el comportamiento previo del activo. Durante 2025, el oro registró un rendimiento cercano al 73%, apoyado por un escenario de elevada incertidumbre geopolítica, una intensa demanda por parte de bancos centrales y la expectativa de que la Reserva Federal iniciaría un ciclo de relajación monetaria.


Ese impulso se extendió hasta enero de 2026, cuando la onza alcanzó máximos históricos cercanos a US$5.600, consolidando uno de los rallies más importantes de las últimas décadas. Sin embargo, desde entonces el panorama comenzó a modificarse de manera progresiva, dando paso a una corrección que ya supera el 29% desde aquellos máximos.


La Reserva Federal vuelve a convertirse en el principal motor del mercado


El cambio de tendencia observado durante junio encuentra su principal explicación en la evolución de la política monetaria estadounidense.


Durante su última reunión, la Reserva Federal mantuvo sin cambios la tasa de interés, pero el mensaje entregado por su presidente, Kevin Warsh, fue interpretado por los mercados como claramente restrictivo. La autoridad monetaria reiteró que la inflación continúa representando un desafío importante y dejó abierta la posibilidad de nuevas alzas de tasas si las condiciones económicas así lo requieren.


Ese cambio en las expectativas provocó un fortalecimiento del dólar estadounidense y un incremento en los rendimientos de los bonos del Tesoro, dos variables que históricamente mantienen una correlación inversa con el comportamiento del oro.


Cuando las tasas permanecen elevadas, los inversionistas encuentran mayores incentivos para posicionarse en instrumentos que generan rentabilidad periódica, reduciendo el atractivo relativo de activos que, como el oro, no entregan flujo de caja ni intereses.


A esto se sumó una serie de indicadores macroeconómicos que reforzaron la percepción de una economía estadounidense todavía resiliente. La revisión al alza del crecimiento del PIB del primer trimestre, una inflación medida por el índice PCE que continúa por encima del objetivo de la Fed y un mercado laboral que sigue mostrando fortaleza han reducido considerablemente las expectativas de una relajación monetaria durante el corto plazo.


Como consecuencia, el mercado comenzó a descontar un escenario de tasas elevadas durante más tiempo, fortaleciendo aún más al dólar y aumentando la presión sobre el metal precioso.

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El desplome del oro durante junio plasmado en gráficas de 1H. / Fuente: Tradingview


Menor tensión geopolítica y un mercado que vuelve a mirar los fundamentos


Otro elemento que contribuyó al cambio de escenario fue la evolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán.


Durante buena parte del primer semestre, la incertidumbre generada por las tensiones en Oriente Medio impulsó una importante demanda por activos considerados refugio, favoreciendo especialmente al oro. Sin embargo, las negociaciones diplomáticas desarrolladas durante junio, junto con la reapertura gradual del tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz, redujeron parte de esa prima de riesgo incorporada por el mercado.


La normalización parcial del comercio energético también permitió una caída significativa en los precios del petróleo respecto de los máximos alcanzados durante el conflicto, disminuyendo parte de las preocupaciones relacionadas con una inflación impulsada por la energía.


De esta forma, la atención de los inversionistas comenzó a desplazarse nuevamente hacia variables tradicionales como la política monetaria, el crecimiento económico y la evolución del dólar.


En paralelo, otros factores también comenzaron a influir sobre las expectativas de inflación. El incremento en los costos asociados al desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial y el encarecimiento de determinados componentes tecnológicos alimentaron la percepción de que algunas presiones inflacionarias podrían mantenerse durante más tiempo, reforzando la postura cautelosa de la Reserva Federal.


Con el inicio de julio, el foco del mercado se traslada ahora hacia nuevos datos macroeconómicos estadounidenses, especialmente el informe oficial de empleo y la evolución de la inflación durante los próximos meses. Ambos indicadores serán determinantes para definir si la Reserva Federal mantiene el actual tono restrictivo o comienza a entregar señales de una futura moderación.


Después de un extraordinario desempeño durante 2025 y de alcanzar máximos históricos a comienzos de este año, el oro enfrenta ahora un escenario completamente distinto. 


El cierre de junio deja una señal clara: los mercados han reducido el peso de los riesgos geopolíticos y vuelven a concentrar su atención en las tasas de interés, el dólar y la fortaleza de la economía estadounidense. Mientras esos factores continúen dominando la narrativa, el comportamiento del metal precioso seguirá estrechamente vinculado a cada nueva referencia macroeconómica proveniente de Estados Unidos.

Aviso: Este material tiene fines exclusivamente informativos y no pretende ser (ni debe considerarse) asesoramiento financiero, de inversión o de otro tipo en el que se pueda confiar. Ninguna opinión expresada en este material constituye una recomendación por parte de EBC o del autor de que una inversión, valor, transacción o estrategia de inversión en particular sea adecuada para ninguna persona específica.