Publicado el: 2026-09-07
El gigante del vestuario deportivo de lujo está pasando por su momento más complicado en bolsa. Tras presentar las cifras de su segundo trimestre fiscal, las acciones de Lululemon sufrieron un golpe demoledor en Wall Street. La cotización se estrelló por debajo de la barrera psicológica de los 100 dólares por título, tocando precios que no se veían desde 2018.
La marca canadiense que puso de moda el concepto athleisure navega hoy en una tormenta perfecta: sus ventas en tiendas físicas se enfrían, la competencia no da tregua y la directiva ha tenido que recortar sus proyecciones de negocio varias veces en lo que va del año. Con este panorama, los inversores no lo pensaron dos veces y desataron una ola de ventas que puso contra las cuerdas el futuro inmediato de la firma.

En las últimas jornadas bursátiles, la cotización se movió de forma volátil en la franja de los 98 a 100 dólares por acción, borrando de golpe cerca de un 18% de su valor en una sola sesión. El impacto es abrumador si se mira la película completa: la compañía ha perdido cerca de un 80% desde aquel pico histórico de 511 dólares alcanzado a finales de 2023.
Esta sacudida evaporó miles de millones de dólares en capitalización de mercado en cuestión de horas. Ante la sorpresa del reporte, las principales casas de bolsa e instituciones financieras salieron rápidamente a rebajar sus precios objetivo sobre el valor, reflejando la desconfianza que domina ahora mismo a la renta variable.
Aunque la empresa logró maquillar el beneficio por acción por un alivio fiscal puntual, la facturación real dejó un mal sabor de boca. La cifra de ingresos cayó un 4% interanual para ubicarse en 2.420 millones de dólares.
Pero el verdadero jarro de agua fría vino con el tercer recorte consecutivo en sus metas anuales. La empresa redujo sustancialmente su estimación de ingresos para el conjunto del ejercicio (ajustándola a una franja de entre 10.350 y 10.500 millones de dólares), dejando ver que las ventas del negocio central siguen perdiendo tracción a un ritmo preocupante.

El castigo que sufren las acciones de Lululemon no responde a un tropiezo aislado de un trimestre, sino a varios problemas que se vienen acumulando en sus operaciones:
Frenazo en el mercado norteamericano: Estados Unidos y Canadá, que siempre han sido el corazón financiero de la firma, mostraron una caída del 8% en sus ingresos y un bajón del 12% en las ventas de tiendas comparables.
China ya no empuja como antes: El mercado chino era la gran promesa de expansión internacional, pero en este periodo el avance fue casi insignificante y terminó en terreno negativo al ajustar el impacto de las divisas.
Sus leggings icónicos se venden menos: Las ventas de sus famosas mallas cayeron un 20% en el trimestre, mostrando que lanzamientos recientes no terminaron de conectar con la gente.
Rivales agresivos en el sector: Marcas emergentes como Alo Yoga y Vuori le están robando cuota de mercado a pasos agigantados entre el público de poder adquisitivo alto.
Este sacudón bursátil agarra a la compañía justo en medio de un cambio de mando. Heidi O'Neill asume el cargo de consejera delegada con la misión urgente de reestructurar la propuesta de producto, reconectar con la clientela y detener el goteo de ingresos.
Por otra parte, la caída libre de las acciones de Lululemon dividió las opiniones en la bolsa. Mientras la mayoría de analistas recomienda prudencia, el famoso gestor Michael Burry —conocido por la película La Gran Apuesta— ha aprovechado las caídas para seguir sumando títulos por debajo de los 100 dólares. Para Burry, el castigo ha sido exagerado y confía en que la solidez financiera de la marca terminará imponiéndose con el tiempo.
El tropiezo de las acciones de Lululemon deja a la compañía en una posición muy delicada. Por un lado, cotizar a precios de 2018 puede parecer una ganga para quienes confían en el valor de la marca a largo plazo. Por el otro, la falta de claridad sobre cuándo volverá a crecer en Norteamérica obliga a actuar con mucha cautela. Los próximos meses serán decisivos para saber si la nueva dirección logra darle la vuelta a la tortilla o si el valor seguirá atrapado en la parte baja del gráfico.