Publicado el: 2026-04-10
Aceptémoslo: ir al súper hoy en día se ha convertido en una actividad de alto riesgo para la salud mental. Esa sensación de que el carrito va cada vez más vacío mientras el ticket de la caja es cada vez más largo no es una paranoia colectiva; es una realidad que los números acaban de confirmar. El último reporte del INEGI ha caído como un balde de agua fría: la inflación en México sube y se planta en un 4.59% anual, recordándonos que la estabilidad económica es, a veces, un equilibrio bastante frágil.
Lo que más cala no es el número frío, sino cómo se siente en la calle. Veníamos de un cierre de año pasado que nos daba ciertas esperanzas, con una tendencia que parecía domada, pero este primer trimestre de 2026 nos ha regresado a la realidad de golpe. Ya no es solo que las cosas no bajen, es que el ritmo al que suben se ha vuelto a acelerar, dejando a muchas familias haciendo malabares financieros para llegar a la quincena.

Para ponerle nombre y apellido al problema, hay que mirar el Índice Nacional de Precios al Consumidor. Ese 4.59% de marzo no salió de la nada. Es un salto notable si consideramos que apenas en febrero estábamos rozando el 4%. ¿Qué pasó en apenas 30 días para que el indicador diera este brinco? Pues una combinación de factores que, como dicen por ahí, se juntaron "el hambre con las ganas de comer".
La inflación no subyacente —esa que incluye los precios que más bailan, como la comida fresca y la energía— se disparó hasta un 5.05%. Es ahí donde duele de verdad, porque son los productos que no puedes dejar de comprar. No es como decidir si cambias de celular o no; es decidir cuántos kilos de jitomate puedes llevarte a casa esta semana. Cuando la inflación en México sube de esta manera, los primeros en resentirlo son los productos básicos que ponemos sobre la mesa todos los días.
Si le preguntamos a los expertos, te dirán que es multicausal, una palabra elegante para decir que nos están pegando por varios lados a la vez. Pero bajándolo al lenguaje que hablamos todos, hay tres razones principales que están empujando los precios hacia arriba:
El clima no perdona: Este inicio de 2026 ha sido particularmente rudo con el campo. Sequías en algunas zonas y heladas tardías en otras han hecho que la cosecha de frutas y verduras sea mucho menor de lo esperado. Menos oferta con la misma demanda se traduce, inevitablemente, en precios por las nubes.
El costo de mover las cosas: Aunque ya no estamos en los niveles críticos de años pasados, el precio de los combustibles y los peajes ha tenido ajustes que los transportistas terminan pasando al consumidor final. Si al camión le cuesta más llegar a la Central de Abastos, a ti te cuesta más el kilo de lo que sea que ese camión traiga.
El "Efecto Enero" que se alargó: Normalmente, la cuesta de enero termina en febrero, pero este año los ajustes en impuestos y derechos (como el IEPS) han tenido un efecto retardado que apenas estamos viendo reflejado con toda su fuerza en marzo y abril.
Lo cierto es que cuando la inflación en México sube, se genera un efecto dominó. El dueño de la fonda ve que el gas y la carne subieron, así que le sube tres pesos a la comida corrida; el empleado que come ahí siente el golpe y eventualmente eso presiona a que todo el ciclo de consumo se encarezca.

Para entender el tamaño del hueco en la cartera, basta con mirar algunos ejemplos específicos que han dejado a más de uno con el ojo cuadrado en el mercado. Aquí te dejo una pequeña lista de esos productos que se han vuelto "artículos de lujo" sin previo aviso:
Frutas y Verduras: El grupo de los agropecuarios subió un 4.45% solo en el último mes. El jitomate, la cebolla y el chile serrano siguen siendo los reyes de la volatilidad, con variaciones que a veces superan el 15% de una semana a otra.
Servicios de preparación de alimentos: Comer fuera de casa ya no es lo que era. Las loncherías, fondas y taquerías han tenido que ajustar sus precios un 0.8% mensual de forma sostenida para no quebrar.
Vivienda y Educación: Las rentas no dan tregua y las colegiaturas, tras los ajustes de inicio de año, han mantenido una presión constante sobre el presupuesto mensual de la clase media.
Es frustrante, porque por más que uno intente ser un "comprador inteligente", hay alzas que simplemente no se pueden esquivar.
Con este panorama, todas las miradas están puestas en la calle de Cinco de Mayo, donde despacha la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico). Su chamba es, básicamente, enfriar la economía para que los precios no se salgan de control. Pero la tarea es de titanes.
Si la inflación en México sube y ellos bajan las tasas de interés para que sea más barato pedir un crédito, corren el riesgo de que la gente gaste más y los precios suban aún más. Pero si mantienen las tasas altas, pedir dinero prestado para una casa o un coche sigue siendo carísimo, y eso frena el crecimiento del país.
Ahorita parece que están en modo "esperar y ver". Aunque la inflación subyacente (la que no incluye comida ni energía) ha bajado un poquito, al situarse en 4.45%, no es suficiente para que canten victoria. Lo más probable es que se guarden los recortes de tasas para mejores tiempos, lo que significa que el dinero seguirá siendo "caro" por un buen rato más en 2026.
Hay algo que no sale en las gráficas de barras del INEGI pero que se siente en cada plática de café: la incertidumbre. Cuando escuchamos que la inflación en México sube, instintivamente nos volvemos más cautelosos. El miedo a que mañana todo cueste más hace que la gente deje de invertir o de hacer compras importantes, lo que a la larga también afecta el empleo y la dinámica económica de las ciudades.
Además, el 2026 trae sus propios retos. Estamos viendo un entorno global donde cualquier conflicto en el otro lado del mundo nos encarece la gasolina aquí. Esa sensación de "no tener el control" es lo que más pesa en el ánimo del consumidor mexicano. Ya no solo nos fijamos en el precio del kilo de tortilla, sino que estamos pendientes de si el peso se mantiene fuerte frente al dólar o si habrá nuevos estímulos fiscales.
Lo que más desespera es que hace apenas unos meses nos decían que lo peor ya había pasado. Y sí, quizá ya no estamos en esos niveles de espanto de hace un par de años, pero este repunte actual es como ese resfriado que creías curado y te vuelve a tumbar en la cama.
Las proyecciones para lo que queda de 2026 son mixtas. Algunos analistas creen que para el segundo semestre la cosa se calmará y cerraremos el año cerca del 3.8%. Otros, más escépticos, dicen que si el clima sigue haciendo de las suyas, podríamos ver el indicador rozando el 5% antes de que termine el verano.
Al final del día, la noticia de que la inflación en México sube es un trago amargo que nos toca pasar a todos por igual. No hay fórmulas mágicas para ganarle a la macroeconomía, pero sí hay una realidad innegable: el consumidor mexicano es experto en sobrevivir a estas rachas.
Estamos en un momento que exige ser mucho más selectivos con el gasto. Quizá sea el año de redescubrir los mercados locales en lugar de las grandes cadenas, de posponer ese gasto que no es urgente y de estar muy atentos a cómo se mueve el mercado. La economía mexicana es resiliente, de eso no hay duda, pero estos picos de inflación son una prueba de resistencia para todos. Por ahora, el mensaje es claro: hay que cuidar el bolsillo, porque el 2026 todavía tiene muchas cartas bajo la manga y los precios, lamentablemente, parece que no tienen prisa por bajar.
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