Publicado el: 2026-08-07
Actualizado el: 2026-08-07

El mercado laboral estadounidense volvió al centro de la atención global después de que las Nóminas No Agrícolas de julio registraran una destrucción de 23.000 puestos de trabajo, una cifra muy distante de los 85.000 empleos que esperaba el consenso y también inferior a los 20.000 puestos creados durante el mes anterior.
La magnitud de la sorpresa resulta especialmente relevante porque el empleo continúa siendo una de las principales variables utilizadas por la Reserva Federal para evaluar la fortaleza de la economía y determinar el rumbo de su política monetaria.
El deterioro observado en el NFP contrastó, sin embargo, con la evolución de la tasa de desempleo. Esta descendió desde 4,2% hasta 4,1%, mejorando además frente al 4,2% esperado por el mercado. Esta divergencia obliga a interpretar el informe laboral en su conjunto y no únicamente desde la cifra principal.
Los salarios también entregaron una señal de moderación. Los ingresos medios por hora crecieron apenas 0,1% mensual, por debajo tanto del 0,3% esperado como del 0,3% anterior. La desaceleración salarial resulta especialmente importante para la Reserva Federal, debido a que menores presiones sobre los ingresos pueden contribuir a reducir la inflación proveniente del sector servicios.
El dato llega, además, después de que el reporte privado ADP publicado durante la semana ya anticipara una pérdida de impulso en la contratación. En aquella oportunidad, el empleo privado había aumentado solo en 44.000 puestos, frente a los 68.000 esperados y los 98.000 anteriores.
La combinación de ambos informes fortalece la percepción de que el mercado laboral estadounidense comienza a perder dinamismo después de un prolongado período de resistencia.
La reacción de los mercados fue prácticamente inmediata.
El Dollar Index cayó hasta la zona de 99,36 puntos, reflejando una venta generalizada de la divisa estadounidense ante la expectativa de que un mercado laboral más débil reduzca la necesidad de mantener una política monetaria restrictiva.
El movimiento también quedó reflejado entre los principales pares de divisas. El EUR/USD escaló hasta 1,1569, mientras el USD/JPY retrocedió hacia 157,01.
El activo que presentó una de las reacciones más intensas fue nuevamente el oro. El metal precioso superó rápidamente los US$4.360 por onza, extendiendo el fuerte rally observado durante las últimas jornadas.
El comportamiento del oro responde a una combinación particularmente favorable. Por una parte, un dólar más débil abarata el metal para los compradores que operan con otras monedas. Por otra, una menor expectativa de tasas de interés reduce el costo de oportunidad de mantener un activo que no entrega rendimiento.
Este movimiento se produce después de que el oro ya hubiera registrado durante la semana su mayor avance diario desde febrero, con una subida de 4,1% hasta US$4.242,96 por onza, llegando incluso a tocar US$4.258,99.
Wall Street también reaccionó favorablemente al informe laboral. El S&P 500 avanzó hasta los 7.770 puntos, mientras el Nasdaq 100 alcanzó los 29.745, en medio de renovadas expectativas de que una política monetaria menos restrictiva pueda seguir respaldando las valorizaciones bursátiles.
Para las compañías tecnológicas, este escenario adquiere especial importancia. Buena parte de las empresas de crecimiento mantienen valorizaciones altamente sensibles al costo del capital, por lo que una eventual moderación de las tasas suele beneficiar especialmente al Nasdaq.

Reacción inmediata del oro al contado en gráficas 1H / Fuente: TradingView
El principal efecto del informe probablemente no se encuentre en la reacción inmediata de los mercados, sino en la forma en que modifica las expectativas respecto a la Reserva Federal.
Hasta ahora, el banco central estadounidense ha mantenido una postura cautelosa debido a que la inflación continúa por encima de su objetivo anual del 2% y las recientes tensiones geopolíticas habían vuelto a elevar los riesgos relacionados con los costos energéticos.
Sin embargo, durante las últimas jornadas el precio del petróleo ha retrocedido significativamente ante las expectativas de una normalización del tránsito por el Estrecho de Ormuz.
El Brent, después de superar ampliamente los US$100 durante episodios recientes de tensión, cotiza actualmente cerca de US$81,7 por barril, mientras el WTI se mantiene alrededor de US$76,7.
La combinación entre un petróleo más barato, menores presiones salariales y una creación de empleo claramente inferior a las expectativas modifica el equilibrio de riesgos que enfrenta la Reserva Federal.
El banco central debe controlar la inflación, pero al mismo tiempo evitar que una política demasiado restrictiva termine provocando un deterioro excesivo de la actividad económica y del mercado laboral.
El NFP de julio introduce precisamente esa discusión.
Una destrucción de 23.000 puestos no necesariamente confirma por sí sola una recesión o una contracción prolongada del empleo, especialmente considerando que la tasa de desempleo descendió hasta 4,1%. Sin embargo, sí representa una señal que difícilmente podrá ser ignorada si los próximos indicadores mantienen la misma tendencia.
A partir de ahora, la atención se trasladará hacia los próximos datos de inflación, consumo y actividad económica estadounidense, además de las intervenciones de los miembros de la Reserva Federal.
El mercado deberá determinar si julio fue simplemente un mes excepcionalmente débil o el comienzo de un deterioro más sostenido del empleo.
Por ahora, la primera lectura de los inversionistas es clara: menos empleo, menores presiones salariales y una caída del petróleo entregan mayor margen a la Reserva Federal para adoptar una postura menos restrictiva. Esa interpretación explica simultáneamente la debilidad del dólar, el salto del oro y la reacción positiva de Wall Street.