Publicado el: 2026-01-30
Las acciones de Oracle llevan semanas dando más dolores de cabeza que alegrías a sus inversores. Lo que hace no mucho era una de las grandes apuestas del mercado tecnológico, impulsada por la nube y la fiebre de la inteligencia artificial, hoy se mueve en terreno incómodo. El precio cae, el ánimo se enfría y la confianza ya no es la misma.
No se trata de un desplome repentino ni de una crisis inesperada. Es más bien una corrección lenta pero persistente, alimentada por resultados que no terminaron de convencer, gastos que crecen más rápido que los ingresos y un mercado que ya no perdona las promesas sin números claros.

En este momento, las acciones de Oracle se mueven cerca de los 169 dólares, un nivel muy inferior a los máximos que alcanzaron hacia finales de 2025. En aquel entonces, el entusiasmo por la inteligencia artificial y la expansión del negocio en la nube empujaron el precio a zonas récord.
Desde esos niveles, la acción ha perdido más de un 30 %, una caída que no pasa desapercibida. Cada jornada bajista refuerza la sensación de que el mercado está reajustando expectativas, bajando los pies a la tierra y exigiendo algo más que discursos optimistas.
Oracle sigue siendo una empresa sólida, pero el precio ya no refleja ilusión, sino prudencia.
Uno de los momentos clave para entender esta racha bajista fue la publicación de su último reporte trimestral. Sobre el papel, Oracle no presentó malos números: fue rentable y mantuvo estabilidad en varias líneas de negocio. El problema es que no alcanzó las expectativas de ingresos que Wall Street tenía en mente.
En el contexto actual, eso pesa mucho. El mercado tecnológico está en una etapa donde ya no basta con "cumplir"; hay que superar. Y Oracle no lo hizo.
El crecimiento del negocio en la nube, uno de los grandes motores de la compañía, avanzó, pero a un ritmo que muchos inversores consideran insuficiente para justificar el nivel de inversión que la empresa está realizando.
Oracle quiere estar en la primera línea de la inteligencia artificial, y para lograrlo ha puesto sobre la mesa cifras enormes. Centros de datos, infraestructura, capacidad de cómputo... todo eso cuesta, y cuesta mucho.
La cuestión no es si la IA es una oportunidad —lo es—, sino cuándo y cómo se convertirá en beneficios reales. El mercado empieza a preguntarse si Oracle está gastando demasiado rápido y si esos ingresos futuros llegarán antes de que el impacto en las finanzas se haga sentir.
Aquí es donde el entusiasmo inicial empieza a diluirse y deja paso a la cautela.
El aumento del gasto de capital ha sido uno de los puntos que más inquietud ha generado. Oracle ha dejado claro que seguirá invirtiendo fuerte, pero eso implica presión sobre el flujo de caja y un mayor uso de deuda.
En un entorno de tipos de interés más altos, el endeudamiento ya no se ve con los mismos ojos que hace unos años. Aunque Oracle puede permitírselo, el mercado prefiere no asumir riesgos innecesarios.
Y cuando el mercado se pone nervioso, el precio lo refleja rápido.
Si hay que resumir por qué las acciones de Oracle siguen cayendo, estos son los factores clave:
Ingresos por debajo de lo esperado en el último trimestre.
Inversiones muy elevadas en infraestructura de inteligencia artificial.
Aumento del endeudamiento para financiar esa expansión.
Expectativas demasiado optimistas que ahora se están ajustando.
No es una tormenta perfecta, pero sí un conjunto de señales que invitan a la prudencia.
Tras los resultados, varios analistas revisaron sus precios objetivo, algunos a la baja. No fue un castigo extremo, pero sí un cambio de mensaje: menos euforia, más cautela.
Cuando los grandes bancos y casas de análisis empiezan a hablar con un tono más frío, muchos inversores prefieren esperar. Esa pausa reduce el interés comprador y deja la acción expuesta a nuevas caídas.
Oracle no está siendo abandonada, pero tampoco está siendo defendida con convicción.

La racha bajista de Oracle también se explica por el contexto general. El sector tecnológico vive un momento de revisión de valoraciones. Durante años, las promesas de crecimiento futuro impulsaron los precios. Hoy, el mercado quiere resultados concretos.
La inteligencia artificial sigue siendo el gran tema, pero ya no basta con mencionarla en cada presentación. Los inversores quieren saber cuánto dinero entra, cuánto sale y cuándo llegará la rentabilidad.
Oracle todavía está en ese proceso de demostrarlo.
No todo es análisis fundamental. Cuando una acción cae desde máximos, muchos inversores venden por miedo o para asegurar beneficios anteriores. Esto genera una presión adicional que refuerza la tendencia bajista.
En el caso de Oracle, el volumen en días negativos ha sido elevado, una señal de que las ventas no vienen solo de pequeños inversores, sino también de manos fuertes.
Mientras ese flujo vendedor continúe, cualquier rebote será frágil.
La gran pregunta es si estamos ante una simple corrección o ante un problema más profundo. Por ahora, el mercado parece inclinarse por la primera opción, aunque con reservas.
Oracle sigue teniendo clientes importantes, contratos de largo plazo y una posición relevante en el mercado empresarial. Sin embargo, necesita demostrar con hechos que su enorme apuesta por la inteligencia artificial se traducirá en crecimiento rentable y sostenible.
Hasta que eso ocurra, la desconfianza seguirá presente.
Para que las acciones de Oracle recuperen fuerza, el mercado necesita señales claras:
Crecimiento más sólido y constante en la nube.
Control del gasto sin frenar la innovación.
Mayor visibilidad sobre el retorno real de la inversión en IA.
Si esos puntos empiezan a cumplirse, el ánimo podría cambiar. Si no, la presión bajista seguirá siendo parte del paisaje.
Las acciones de Oracle no caen porque la empresa esté en problemas graves, sino porque el mercado está reajustando expectativas. El entusiasmo se adelantó a la realidad, y ahora toca esperar a que los números respalden la historia.
Oracle sigue siendo un gigante tecnológico, pero hoy el mercado no compra discursos: compra resultados. Hasta que estos lleguen con más claridad, la racha bajista seguirá marcando el ritmo.
En Wall Street, la paciencia existe... pero no es infinita.
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