Publicado el: 2026-01-26
El dólar volvió a colarse en todas las conversaciones económicas de Latinoamérica en este comienzo de 2026. No porque esté explotando en todos los países, sino justamente por lo contrario: su comportamiento es cada vez más desigual. Mientras en algunos mercados la divisa estadounidense pierde fuerza, en otros sigue firme —o directamente muy alta— y deja al descubierto las diferencias económicas dentro de la región.
Cuando alguien pregunta cómo está el dólar en Latinoamérica, la respuesta ya no puede ser una sola. El tipo de cambio hoy funciona como un espejo bastante fiel de cada economía: muestra dónde hay estabilidad, dónde hay dudas y dónde los problemas siguen sin resolverse. Este es el panorama actual, país por país, con los precios del dólar y el trasfondo que explica cada movimiento.

En México, el dólar transita un período relativamente tranquilo. Durante enero de 2026, el tipo de cambio se ha movido entre 17.3 y 18 pesos mexicanos, un rango que, para los estándares recientes, puede considerarse estable.

El peso mexicano sigue mostrando resistencia. Ayudan las tasas de interés, que todavía resultan atractivas para los inversionistas, y una percepción general de orden macroeconómico. Sin embargo, en el mercado nadie se relaja del todo. Cada dato que llega desde Estados Unidos —inflación, empleo o decisiones de la Reserva Federal— se sigue con lupa.
Hoy el dólar no genera sobresaltos en México, pero el equilibrio es frágil y depende mucho del contexto externo.
Brasil sigue destacándose dentro del mapa cambiario regional. El dólar se negocia alrededor de 5.28 a 5.32 reales, confirmando que el real brasileño atraviesa un momento de fortaleza relativa.

Las tasas elevadas continúan atrayendo capitales y el Banco Central mantiene una postura que el mercado considera seria y consistente. Aun así, Brasil nunca deja de estar bajo observación: el frente fiscal y el escenario político siempre pueden alterar el humor de los inversores.
Por ahora, el dólar en Brasil está controlado. Pero es un control que puede romperse si cambian las expectativas.
En Chile, el dólar perdió algo de protagonismo. La cotización se mueve entre 860 y 880 pesos chilenos, en un contexto donde el peso ha ganado espacio frente a la moneda estadounidense.

El buen momento del cobre, sumado a una economía que transmite mayor previsibilidad, ayuda a explicar este comportamiento. El mercado percibe que Chile sigue teniendo fundamentos sólidos y eso se refleja en el tipo de cambio.
De todos modos, el vínculo con los commodities sigue siendo clave. Si los precios internacionales se dan vuelta, el dólar podría reaccionar rápido. Por ahora, el escenario es estable, pero no definitivo.
Colombia se ha convertido en uno de los casos más comentados del inicio de año. El dólar ronda los 3.600 a 3.650 pesos colombianos, un nivel que refleja una apreciación clara del peso.

Para los consumidores, esto es una buena noticia: reduce presión inflacionaria y encarece menos las importaciones. Para algunos exportadores, no tanto. Un peso fuerte puede restar competitividad, y ese debate ya empezó a aparecer.
El mercado, sin embargo, interpreta el nivel actual del dólar como una señal de confianza. Colombia muestra que, cuando hay cierta estabilidad macro y entran capitales, el tipo de cambio lo refleja rápidamente.
Perú sigue jugando su propio partido. Sin grandes titulares ni sobresaltos, el dólar se mantiene cerca de 3.32 a 3.40 soles, con movimientos mínimos.

El Banco Central ha logrado sostener este escenario con intervenciones puntuales y mensajes claros. No hay euforia, pero tampoco nerviosismo. Para muchos analistas, el sol peruano sigue siendo una de las monedas más previsibles de Latinoamérica.
Esta estabilidad es valorada por empresas y ahorristas, aunque también limita oportunidades para quienes buscan movimientos rápidos en el mercado.
Argentina vuelve a quedar en un plano aparte. El dólar oficial se ubica alrededor de 1.426 a 1.435 pesos, en un contexto donde la inflación y las distorsiones cambiarias siguen dominando la escena.

A diferencia del resto de la región, aquí el tipo de cambio responde mucho más a factores internos que a lo que pasa en el mundo. Controles, expectativas y desconfianza estructural mantienen al dólar en niveles elevados y con tensión constante.
En Argentina, el dólar no es solo una variable económica: es una referencia diaria, un termómetro social y un reflejo directo de la incertidumbre.
Si se mira el mapa completo, hay algunas señales que se repiten:
El dólar muestra una debilidad relativa a nivel global, lo que favorece a varias monedas latinoamericanas
Los países con políticas monetarias más creíbles logran mantener el tipo de cambio bajo control
Donde persisten desequilibrios internos, el dólar sigue alto y con volatilidad latente
Por eso, hablar de cómo está el dólar en Latinoamérica ya no es hablar de una tendencia regional, sino de realidades nacionales muy distintas.
El arranque de 2026 deja una idea clara: el dólar no se mueve igual en toda Latinoamérica porque las economías tampoco son iguales. Chile, Colombia y Perú muestran monedas más firmes y mercados relativamente ordenados. México y Brasil sostienen un equilibrio delicado, muy atado a lo que ocurra en Estados Unidos. En el otro extremo, Argentina sigue enfrentando un dólar elevado que expone problemas estructurales de fondo.
En los próximos meses, el rumbo del tipo de cambio dependerá de decisiones clave de la Reserva Federal, del comportamiento de los precios de las materias primas y del clima político interno en cada país. En la región, el dólar sigue siendo mucho más que un número: es una señal directa de confianza, estabilidad —o incertidumbre— económica.
Por eso, seguir de cerca cómo está el dólar en Latinoamérica hoy no solo sirve para entender el mercado cambiario, sino también para leer, casi sin filtros, el estado real de cada economía.
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